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ARENAS MOVEDIZAS

LA MARAVILLOSA Y EFÍMERA HISTORIA DE LA CHICA DE LAS ARENAS MOVEDIZAS Y EL RETRASADO

Fueron felices y comieron perdices. Eso era todo lo que la chica de las arenas movedizas veía en los ojos del retrasado desde el día en que se acostó con él por primera vez.

Al retrasado le había pasado la vida volando. Pero había vivido con tanta intensidad cada momento que su espíritu era envidiable. No recordaba casi nada, pero todo lo vivido había dejado en él ese aura invisible que tienen los aventureros incansables. Indiana Jones de adolescente habría tenido fotos del retrasado en su cuarto. Ella tampoco era una chica corriente. No solo porque vivía en las arenas movedizas, también porque pasaba el día dándole vueltas a la cabeza. Intentaba descifrar cómo y por qué había llegado a coincidir con este personaje. Preguntándose si aquello era un ecuentro casual o si estaban predestinados. Preguntándose qué querría este retrasado de ella aparte de compartir perdices. Si podría comer con él algo más que esos bichos con alas en caso de que algún día abandonase las arenas movedizas. Pensando si quizá podía buscar en la compañía del retrasado esa felicidad a la que tenía previsto renunciar. Pensando absurdamente si acaso esa felicidad le haría feliz.

El retrasado había llegado siempre tarde a casi todo, aunque eso nunca pareció ser un problema para él. Hasta ahora. Fue al coincidir con la chica de las arenas movedizas cuando pensó que había recorrido el camino quizá con cierta lentitud. Con mucha lentitud. Quizá con extrema lentitud. Pues se había dado cuenta que había recorrido un camino similar al de ella y sin embargo ella había tardado mucho menos. Lo que le hacía pensar que probablemente ella correría más que él y que su encuentro era una cosa circunstancial, fugaz, como cuando el humo de dos cigarrillos forma una figura espontánea y efímera. Un aro de humo. Se llena de poesía un instante eterno y se alimentan los sueños, al poco se desvanece y el mundo sigue girando. Queda la estela de un momento bello, que quizá permanezca como algo más que un recuerdo. Una experiencia vivida, una sensación particular que sin saber cómo, se transmite y perdura, navegando entre recuerdos. Como si esa sensación tuviera voluntad propia y quisiera participar del impulso hacia algo. Esa vida más bella que todos queremos y que a veces parece factible, sobretodo cuando algo te transmite esa sensación. Esa idea sutil. Indefinida. Fugaz. Poética y efímera. De experiencia vivida.
El recuerdo del humo.


EL HUMO ESCRIBIÓ UNA CANCIÓN

Yo...
vivo en las arenas movedizas,
y tú dices que aquí
nada se puede construir.
Yo llevo aquí media vida,
y tú dices que aquí
nada se puede construir.

Yo no se si prefiero
que estés equivocada
y que me sigas mirando
con esa puta cara
esperando que todo
lo que hacemos se hunda.
No se si prefiero que tengas razón
y que te salves
y que me acerques un palo

Haz el favor de buscar muy cerca de aquí
No me dejes aquí mucho tiempo sin tí

Dice que no ha visto nada
y que tiene mucha sed
Se va buscando un poco de agua
y jura que volverá
con algo
para sacarme de aquí

Yo...
me quedo pensando
que vivo en las arenas movedizas
que aquí nada se puede construir
que llevo aquí media vida

Yo...
me quedo pensando
me quedo pensando
que vivo en las arenas movedizas
que hace tiempo que vivo aquí
esta media vida
me quedo pensando